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Ventana y espejo

La Lucila se ubica en zona Norte del conurbano bonaerense, en el Partido de San Isidro.

Allí, la Reserva Ecológica es un complejo de recreación a lo largo de la costa del Río de la Plata desde Olivos a San Isidro.

Este lugar pueden verse marcado por las diferencias sociales: el enfrentamiento entre la pobreza y la riqueza que se encuentran señalados por los muros y la vía del tren, que separan mansiones lujosas de “villas”. En cuanto a la ecología pueden reconocerse contrastes, ya que, por un lado, se puede ver una reserva ecológica muy bien cuidada con diversidad de especies asombrosas, y por fuera nos encontramos con cantidades impensables de basura.


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Los Auténticos Decadentes


Hace unos años surgió un gran debate en la sociedad que sigue perdurando a través del tiempo: la televisión argentina, ¿es buena o es mala? Si bien esta es una elección muy subjetiva, muchos señalan el pobrísimo nivel cultural e informativo de los programas, que poseen escaso contenido, y en muchas ocasiones, muy nefasto. Otros contraponen que nuestra televisión es una de las mejores del mundo, comparándola con la europea y la norteamericana. ¿Quién no se puso a pensar en este tema después de ver a Zulma Lobato cantando en el programa de Anabella Ascar en Crónica TV? ¿O luego de ver la “cadena nacional” de Ricardo Fort, en Showmatch y sus retransmisores (no hay como la excusa de la crítica)? Actualmente, yo creo que no se puede considerar a la nuestra como una de las mejores programaciones del mundo.

Hoy en día se realiza cualquier tipo de cosas con tal de conseguir un punto de rating. En vez de que se hable de temas culturales y que los programas posean buenos contenidos, hoy de lo único que se habla es de Ricardo Fort y del programa de Tinelli las 24 horas del día. Ahora, debemos preguntarnos de quién es el problema: ¿de los programas que poseen poco contenido y muy malo o de la sociedad argentina que consume estos programas?

Antes que nada, hay que hacer una comparación entre lo que ofrecen los programas de cable y la televisión abierta. Sin duda, la primera ofrece una amplia y variada programación, con películas extranjeras y para todos los gustos. En cambio, la televisión de aire posee muchos menos canales, y, en su defecto, menos variedad. Pero no solo en la calidad y en la cantidad hay una gran diferencia, sino que una es gratis y la otra es paga. Las familias menos adineradas tal vez no tengan la posibilidad de poseer televisión por cable y lo único que pueden consumir son los programas que se emiten en señales abiertas.



Según Florencia Etchevez, periodista que se desempeña en Canal 13 y en TN, la televisión argentina no es decadente, ya que hay de todo y para todos los gustos. Además, señala que estos programas son lo que le gusta a la gente, y que la gente elige lo que quiere ver, ya que no hay nadie que pueda definir lo que es bueno y lo que es malo.

Si bien "la gente" tiene para elegir, yo creo que, como señalé anteriormente, entre los canales de aire no hay programas muy diversos para ver, con la excepción de un par que tratan temas como política, economía, actualidad, y los noticieros. En el resto de los programas se habla únicamente de lo que ocurrió en Showmatch, programa de Canal 13 conducido por Marcelo Tinelli, y de las peleas que se produjeron allí. Es más, en el programa de Viviana Canosa, Infama e Intrusos, se habló de una “reunión cumbre” al referirse entre un encuentro en Miami entre Marcelo Tinelli y Ricardo Fort, este último mediático y uno de los dueños de la empresa FelFort.

Otro signo de la gran decadencia de la televisión argentina es el debate que armaron Ideas del Sur y Canal 13 el sábado 31 de julio, con el fin de ganar el rating del mes. Produjeron un programa de cuatro horas sin cortes publicitarios, que giró en torno a la vida de Ricardo Fort, en el cual hubo, como es habitual, peleas, discusiones, etc. Fernanda Iglesias, periodista y ex panelista de Duro de Domar, quien fue invitada a formar parte de este “supuesto” debate, criticó duramente a la producción y al invitado principal, publicando frases en su Twitter como: “Ayer entrevisté por primera vez en mi vida a Ricardo Fort. Me pareció una mierda de persona, espero no volver a verlo nunca más”; “La producción de ideas del sur invitó a periodistas a un debate sobre el fenómeno Bailando por un sueño. Mintieron, sólo se habló de Fort”; “Nunca había visto a una producción tan genuflexa del minuto a minuto... tanto Fort como ellos me dieron pena: su mundo es muy pequeño”.

Pero no solo la televisión argentina es decadente en los programas de espectáculos. También comenzó la decadencia en los programas deportivos que se emiten en los canales de aire. Un gran ejemplo de esto es el Show del Fútbol, conducido por Alejandro Fantino y con panelistas como Juan Carlos Pasman, Roberto Leto y Oscar Ruggeri, entre otros. Este programa, en vez de contener contenido futbolístico, es muy semejante a los programas de chismes, ya que se habla únicamente de peleas y de supuestos rumores para obtener más rating.

Sin embargo, estos programas son los más vistos de la televisión argentina. Showmatch es el programa con más audiencia entre los canales de aire, promediando siempre los 30 puntos de rating (lo que significa alrededor de 2700000 televidentes solo en Capital Federal y el Gran Buenos Aires). Si estos programas tienen poco contenido ¿por qué son los que la gente más ve?
Sumándome al debate con el que comienza esta nota, yo creo que la televisión argentina no tiene un buen nivel y que está en una gran decadencia. Por mi parte, yo creo que esto es, en gran parte, culpa de la sociedad, que observa programas en los que solo hay peleas armadas e insultos, en vez de ver programas con mejor contenido. Una gran solución para que la televisión mejore, es no mirar estos programas y así, no darles rating. Otra posible solución podría ser crear más canales abiertos, que puedan producir mejores programas. Pero como alguna vez dijo Groucho Marx, "la televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro."





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Hace 200 años, ocio puertas adentro y afuera

Los tiempos de revolución están llenos de tensión y noches en vela de tratativas y discusión; los trabajos del presente comparten el tiempo de los hombres que inventan el futuro... Pero ¿cómo era la vida de ocio en el año 1810, hace exactamente 200 años atrás?

(Conste que lo que aquí explicamos no puede asegurarse sobre 1811 ni sobre 1809... ¡Atención: no permita engaños!)

Los criollos de áreas rurales vivían en esta época en casas bastantes sencillas, hechas de adobe y techo de paja, las que muchas veces estaban rodeadas por árboles comunes o frutales, en las que se podía encontrar: el comedor, alrededor de dos habitaciones, "la ramada" o enramada (lugar donde la mujer de la casa hacía los telares) y la cocina, que en general se encontraba apartada.

Los alimentos que mayormente se consumían: la comida predilecta era la sopa de arroz y la de fideos, el asado, el matambre, el puchero, diversos guisos, las albóndigas, el estofado y los zapallitos rellenos. Si hablamos de los alimentos más típicos, comían también grandes cantidades de locro, empanadas, y “carbonadas”, un guiso de carne dentro de un zapallo de tamaño grande, que se lo acompaña con maíz (en Bélgica, el país creador, lleva cebolla y cerveza). Respecto a los postres y alimentos dulces, los primeros argentinos adoraban los bocadillos de papa o batata, las frutas, la natilla (plato de origen español a base de huevos, leche y azúcar), el arroz con leche, los alfajores y las masitas.

Como ya se sabrá, al carecer de tecnologías sofisticadas para el ocio, los habitantes de la campiña porteña pasaban el rato de diferentes maneras, ya sea jugando a las cartas, como al truco o al monte, a las bochas en la cancha de la pulpería o en la cercana a la capilla, al sapo, a las peleas de gallos o las carreras de caballo en las que apostaban su admiración y entusiasmo (y unos cuantos dineros), o con amigos tomando mate, infusión que se utilizaba -lo mismo que ahora- como excusa para el trato social. También la música y el baile ocupaban un lugar importante dentro de la vida de ocio del criollo: se tocaba la guitarra y el bombo, y en ocasiones violines.

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